NOCHES BLANCAS

Título:
 Noches blancas
Autor: Fiódor Dostoievski
Ilustración: Ignasi Blanch
Traducción: Jorge Ferrer
Idioma original: Ruso
Editorial: Alma Clásicos Ilustrados
Año publicación/edición: 1848/2026
Páginas: 128

Sinopsis oficial:
Noches blancas es un estudio sobresaliente y conmovedor del amor y de la amistad, una joya temprana en la producción del autor que confirma a Dostoyevski como uno de los grandes maestros de la literatura rusa.

Durante las noches blancas, en las que el sol no se oculta del todo, el narrador, un joven solitario que apenas ha tenido trato con mujeres, da largas caminatas por las calles casi vacías de San Petersburgo. En uno de esos paseos, salva de una agresión a Nástienka, una muchacha que vive con su abuela ciega, y entablan una amistad que se prolonga durante cuatro noches. Ella pone una condición: él no debe enamorarse. Nástienka le cuenta su historia de amor imposible, y el narrador queda hechizado por su terrible sino.

Opinión: 

Yo es que no sé cómo callarme cuando el corazón habla dentro de mí. ¡Bueno, da igual! Créame, oiga: ¡yo no he tratado con una mujer en mi vida! ¡Jamás y nunca! ¡No he conocido a una sola mujer! Y cada día sueño que alguna vez encontraré a alguna por fin. ¡Ay, si supiera la de veces que me he enamorado de ese modo!

Me inicié con Dostoyevski en El doble, su reseña aquí, pero me dejó tan desconcertada que enseguida me di cuenta de que había empezado con este autor por donde no debía. Ahora que he regresado a él con su novelita Noches blancas, considero que esta habría sido mucho más idónea para ese primer encuentro. ¡Me ha gustado mucho! En pocas páginas ha conseguido emocionarme de muy diversas formas.

—¿Y qué clase de vida ha tenido, entonces, si no tiene una historia? —me interrumpió ella entre risas.
—¡Pues una existencia sin historia de ningún tipo! He vivido por mi cuenta, por decirlo así. Es decir, completamente solo. Solo y muy solo. ¿Entiendo lo que significa haber vivido completamente solo?

En esta historia se nos presenta a un joven, tan solitario como soñador, muy soñador, enfrascado en una soledad que le produce una angustia indescriptible. Mientras pasea por San Petersburgo durante la época de las Noches Blancas, topa con una joven que parece desconsolada, Nástienka, a la que se acerca para ofrecerle apoyo y consuelo. Este encuentro inesperado forja una relación muy especial entre ambos. Una relación que les sirve de ayuda a los dos: a ella por encontrarse en una situación de "abandono" que conoceremos a medida que avanzamos la lectura; a él, por significar, por fin, esa conexión con alguien que tanto ha anhelado y soñado. Las noches van pasando y los encuentros se repiten. Ella siempre esperando algo; él, esperando solo el encuentro con ella. Y así se van conociendo. Enamoramiento, esperanza, ilusión y felicidad plena; sueños y deseos frustrados, desilusión, soledad y desconsuelo absoluto... Y todo ello se expone en muy pocas páginas, suficientes, no obstante, para que Dostoyevski nos lo dibuje con gran acierto e intensidad.

Y ahora, Nástienka querida, cuando nos hemos vuelto a encontrar después de una larga separación, porque yo a usted la conozco desde hace mucho tiempo, Nástienka, porque yo hace mucho tiempo que buscaba a alguien y eso es una clara señal de que la estaba buscando precisamente a usted y que estábamos destinados a encontrarnos, se han abierto cien compuertas en mi cabeza y por ellas debo derramar un río de palabras para no ahogarme en ellas.

Como decía, qué gran capacidad tiene Dostoyevski para sumergirnos en las sensaciones que transmite aquí. Construye a un protagonista un tanto especial, un soñador solitario que más que enamorarse de una persona, parece enamorarse de todo lo que esta podría ser en su vida: la conexión humana que tanto ha anhelado, el fin de la soledad, la posibilidad de convertir en realidad aquello que durante tanto tiempo había soñado. O, quizá, retrata a aquel que cae enamorado sin remedio, tras tanto tiempo esperándolo, de la persona equivocada, y a sabiendas de que no será correspondido. Se siente su enamoramiento con toda la felicidad y la plenitud que lo caracterizan, pero igual de intensas se sienten también la desilusión, la desdicha y la desolación. Puede que al leerse parezca algo precipitado, pero al mismo tiempo yo lo he sentido muy real. Esa sensación de felicidad al sentirse que se tiene por fin lo que más se deseaba, y la de vacío existencial al perderlo. 

Y también te dices que pasarán más años y tras ellos vendrá aún más frío, y llegará la vejez contigo empuñando un bastón tembloroso, y vendrá mucha angustia, mucho desaliento. Tu mundo de fantasía se irá apagando, se marchitarán y morirán tus sueños y caerán al suelo, como las hojas amarillas de otoño... Ay, Nástienka, qué triste será quedarme solo, completamente solo, sin tener siquiera algo cuya pérdida lamentar... porque todo lo que he perdido vale absolutamente nada, vale un estúpido cero: ¡nunca hubo nada más que sueños!

Una historia triste pero bonita a la vez, que finaliza con una luz que no esperaba, una luz que incluso te puede romper un poquito más —el final no deja indiferente en absoluto—. Se alza la felicidad que se ha sentido gracias a la persona amada, y el deseo de su bienestar a pesar del dolor que ello pueda provocar. Al menos a mí me ha llevado a pensar en esa parte bondadosa del amor, aunque pueda tratarse de un amor quizá más cercano a una ilusión soñada que a un amor real; esa parte que ayuda a templar los malos deseos, el despecho, la rabia o la necesidad de venganza, para dar paso a un sentimiento más sereno. 

¿Pero que yo te guardara rencor, Nástienka? ¿Que yo empujara una nube negra a ensombrecer tu felicidad luminosa y plácida [...]? ¡Oh, no! ¡Eso jamás! ¡Jamás! ¡Que sea claro el cielo que te cubre, que resplandezca y sea plácida tu tierna sonrisa, que bendecida seas por el instante de dicha y beatitud que regalaste a otro corazón, solitario y agradecido!

Una preciosa novelita con la que me ha gustado regresar a Dostoyevski, emocionarme y quedarme pensativa, ya preparada para seguir descubriendo el resto de su obra.

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