AUTOBIOGRAFÍA DE MIS PERROS
Título: Autobiografía de mis perros
Autora: Sandra Petrignani
Traducción: Andrés Catalán
Idioma original: Italiano
Editorial: Nórdica Libros
Año publicación/edición: 2024/2026
Páginas: 224
Autora: Sandra Petrignani
Traducción: Andrés Catalán
Idioma original: Italiano
Editorial: Nórdica Libros
Año publicación/edición: 2024/2026
Páginas: 224
Sinopsis oficial:
Toda autobiografía conlleva una dosis de valentía. Pero narrar la propia vida a través de los perros que la han acompañado añade una «ternura conmovedora al encanto de cualquier vida», como habría dicho Jane Austen.
Petrignani habla de sí misma con la ternura que emana de sus perros, de los muchos que han servido de contrapunto silencioso a sus historias de vida. Y a través de ellos evoca amores y compañeros de una época perdida, como todas las épocas.
Al relatar los vibrantes años de infancia, juventud y adultez, Petrignani redescubre la verdad y el consuelo, la risa y la alegría, la inspiración y la felicidad en la escritura. Uno tras otro, los perros se convierten en compañeros silenciosos, oráculos de respuestas imposibles. Autobiografía de mis perros es un libro sobre la pasión y el amor por la literatura.
Opinión:
Esta mañana Mago, a hurtadillas, aprovechando que Bonnie se había alejado y vigilaba la cama, se subió con cuidado para no despertarme. Me lo encontré al lado al abrir los ojos, con la cabeza sobre la almohada, perfectamente paralelo a mi cuerpo en toda su longitud canina. No me enfadé, ni lo regañé ni lo obligué a bajar. Le dije: buenos días, Mago. Y él apoyó la cabezota blanca sobre mi hombro y yo la mejilla sobre su cabeza, cómoda y ancha.
Petrignani, en esta «Autobiografía de mis perros», nos invita a recorrer su vida junto a los muchos perros que la han acompañado, y con una narración amena, cercana y fluida, pero cuidadosamente elaborada y llena de significado y de reflexiones sugerentes. Procedente de una familia "pequeño burguesa", seguimos sus vivencias a lo largo de distintas etapas: desde su infancia hasta su mundo actual, pasando por sus amores —tanto humanos como animales—, sus amistades —entre las que aparecen escritores, pintoras, fotógrafas y otros artistas—, sus trabajos y ocupaciones, así como los momentos y las personas que marcaron su existencia de forma decisiva. También nos habla de sus viajes, sus cambios de residencia y sus estancias en la ciudad o en el campo. Por estas páginas pasan Rocky, Guapa, Lenin, Ruggero, Scarlet, Pedro el Grande, Céleste, Mago, Soledad, Querida, Tito... ¡entre otros! Es un libro sobre el amor hacia los perros y el potente significado que pueden acoger, pero junto a ello la autora hace toda una evocación de sus vivencias, su contexto social y sus diferentes fases vitales, uniendo todo con ese afecto por los animales y con su pasión por la literatura y la escritura.
No entendían mi amor por los animales, que era algo que iba más allá del amor, una especie de pena y de identificación. Cuando metía los dedos entre su pelaje sentía fluir la vida, su vida que era también la mía. Cuando los miraba a los ojos y ellos me miraban a los míos, entendíamos exactamente, recíprocamente, las preguntas sin respuesta que nos hacíamos: ¿qué hago aquí? ¿Cuál es el sentido de todo esto? Y otra, la única que nos consolaba: ¿me quieres, verdad?Verdaderamente yo misma, tal vez, [...], lo he sido sobre todo con mis animales. Sin pose, sin disfraces. Ellos conocen con exactitud la magnitud de mi amor y de mis humores. Me aceptan, los acepto. ¿No es eso lo que también desearíamos entre las personas? Y, en cambio, no lo hacemos.
La propia autora nos dice que en este libro la realidad se mezcla con la ficción; sin embargo, aun sin saber qué es inventado y qué no, yo encuentro mucha verdad y reflexiones muy cercanas sobre la vida, sobre aquello que a veces toca vivir y solo queda asumir lo ocurrido, sobre nuestras relaciones y la complicidad —o no— con los que tenemos cerca. Me ha resultado un libro muy muy entretenido de leer. En algunas vivencias me he sentido identificada; en otras no, pero igualmente es enriquecedor acercarse al ritmo y a la vida de otras personas cuyas experiencias no se parecen del todo a las nuestras —puede resultar incluso motivante e inspiracional—. Además, nos introduce en una mirada interesante sobre la literatura y el arte de escribir: antes de cada capítulo, Petrignani recuerda conversaciones y episodios compartidos con un amigo escritor que también acoge gran protagonismo, y estas partes me han encantado. El arte en general, el mundo del artista, la sensibilidad ante la naturaleza, ante los momentos vitales sencillos pero cargados de significado... todo esto, ¡también está entre estas páginas!
¿Por qué resultará tan placentero mirar un paisaje hasta el infinito? Porque los ojos se llenan de colores y de vacío, como si respondieran a una necesidad profunda. Lo mismo sucede cuando levantamos la mirada al cielo, sobre todo de noche. Nos hundimos en la infinitud, o quizás nos elevamos, levitamos. La intensidad del color y del vacío. ¿Lo perciben los animales, sienten algo parecido cuando miran a lo lejos?Durante dos años no escribí más que prólogos y artículos de prensa. No me decidía a retomarlo. Pero luego de pronto le llegó su momento y una vez más me sometí a las exigencias de la narración, porque narrar es lo que me gusta hacer, para lo que nací y algo que supe desde el principio que sería así; quería escribir, [...], quería que la escritura formara parte de mi destino.
Destaco ciertos pasajes en los que nos sumergimos con la autora en el agua, en la piscina —y si lo lees, entenderás quizás por qué destaco esto—. Me han transmitido mucho esos momentos, me he sentido ahí. La natación y lo que se siente al nadar está presente en su vida, y es algo con lo que he conectado especialmente. Me relaciono con el agua con bastante similitud a como Petrignani lo expresa; ese nadar de espalda mirando el cielo, lo que se te pasa por la cabeza con cada brazada... Me ha encantado la importancia que le da a esos momentos y cómo los describe. También me parece interesante cómo nos habla de las diferencias entre la efervescencia de las ciudades y la tranquilidad del campo. Quizá romantiza un poco esta última —imagino que la vida que tiene en el campo cuando vive ahí no es precisamente dura, o no como podría ser la de otros, por decirlo de alguna manera—, pero valoro cómo eleva esa paz, tranquilidad y la serenidad de la que podemos llenarnos cuando estamos lejos del bullicio y más cerca de lo natural. Es clave la importancia de la naturaleza y el silencio.
Lo que supone la pérdida de estos seres también está presente. Una parte que sin duda no se puede olvidar cuando se habla de la experiencia con ellos, y es que el vacío y el dolor que dejan tras su marcha no es poca. Me gusta que Petrignani también se detenga en esto, que nos muestre su vulnerabilidad y el enorme sufrimiento ante sus pérdidas. Admite ese dolor como algo inevitable e incluso acumulativo cuando se van sumando las perdidas de cada uno de ellos. No obstante, aun aceptando que a ella misma le cuesta superarlas, muestra una luz y un optimismo hacia el tema que han calado en mí: «supe enseguida que no podría prescindir nunca de la compañía de los animales, por muchos que me tocara perder. Pero antes de la pérdida y la derrota, existe la plenitud. Y después de la pérdida y la derrota vuelven las ganas de bailar. Un súbito ritmo de swing, o un mambo quizás, que empieza a sonar por mucho que se sufra, y no queda más remedio que seguirlo. Y bailar bailar bailar hasta que se acaben los años, las fuerzas y el dolor. Hasta que el tiempo se acabe».
Un libro sobre perros, sí: habla sobre el amor hacía ellos —más que merecido— y también sobre la creación artística, especialmente la literaria, mientras atravesamos la vida de una autora que se agarra y agradece la plenitud de estar vivos. El estilo de Petrignani no me ha dejado nada indiferente; al contrario, me quedo con ganas de descubrir más de su obra. Y no descarto regresar a este en el futuro.
Por ahora me aferro a la vida actual en la que si levanto la mirada más allá de la piscina veo un paisaje que se pierde en el horizonte, veo nubes altas y montes lejanos. Veo la hierba que se está secando. Veo flores marchitas y capullos a punto de abrirse. Cuánta belleza y cuánta paz. No puedo estar más agradecida, por el viento leve que se está levantando, por las páginas que una vez más he conseguido escribir, por el agua fresca sobre la piel caliente, por el amor que soy capaz de sentir, por el hechizo de un momento exclusivamente mío del que nadie es testigo, porque estoy viva y porque estoy viviendo esto. Esta plenitud.
* Cuando vi este título me vino a la mente, irremediablemente: «Todos los perros de mi vida», de Elizabeth von Arnim, otro libro peculiar donde la autora nos habla de sus perros y entre sus anécdotas se cuela también un poquito de su vida —pincha aquí para ir a la reseña que hice del mismo—.





Comentarios
Publicar un comentario