LOS AÑOS LEJANOS
Título: Los años lejanos
Autor: Konstantín Paustovski
Traducción: Manuel Ángel Chica Benayas
Idioma original: Ruso
Editorial: Trotalibros
Año publicación/edición: 1964/2024
Páginas: 408
Autor: Konstantín Paustovski
Traducción: Manuel Ángel Chica Benayas
Idioma original: Ruso
Editorial: Trotalibros
Año publicación/edición: 1964/2024
Páginas: 408
Sinopsis oficial:
El joven Kóstik está estudiando el último curso en el instituto de Kiev cuando recibe un telegrama avisándole de la inminente muerte de su padre. Con este viaje hacia la finca familiar para despedirse de él, Kóstik también emprende una travesía al mundo de su infancia, un paraíso perdido en el que los días vividos con su familia y sus compañeros de clase —entre los que se encontraba Bulgákov— se mezclan con eventos tan trascendentales como la visita del zar a su instituto o la muerte de Tolstói. Y en esta vorágine de recuerdos y sucesos, se va abriendo camino la fascinación por la literatura.
Publicada en 1946, Los años lejanos es la primera pieza de esta odisea monumental que es Historia de una vida. Con la narración del viaje hacia su padre moribundo, Konstantín Paustovski empezó una de las obras más extraordinarias de la literatura rusa y universal, por la que fue nominado varias veces al Premio Nobel de Literatura. Unas memorias íntimas, líricas y vibrantes que, alcanzando el impulso de una novela de formación, constituyen un retrato inolvidable de la convulsa sociedad rusa de principios del siglo XX.
Opinión:
Los años lejanos es el primer tomo de Historia de una vida, el monumental proyecto de Konstantin Paustovski de narrar su vida en seis libros. En este primer volumen, se centra en su infancia y primera juventud, con el rigor de sus recuerdos equilibrado con un tinte literario que se deja notar y que se hace muy disfrutable. Konstantin inicia esta autobiografía en un momento concreto: cuando, siendo alumno de último curso en el instituto de Kiev, recibe un telegrama en el que se le informa de la inminente muerte de su padre. Nos habla de cómo viajó a casa de sus abuelos, donde pasó partes de su infancia, para poder despedirse. Desde este punto crucial, rememora distintos recuerdos de sus primeras etapas vitales a lo largo de pequeños capítulos donde conocemos a los miembros de su familia y a otras figuras relevantes, así como las estancias repartidas entre la Ucrania rural, Kiev y Moscú —Ucrania en aquel entonces formaba parte del Imperio ruso— en las que vivió. En cierto momento, vuelve a ese punto del fallecimiento de su padre para retomar la narración de regreso al instituto hasta que se gradúa.
Con esa forma de narrar muy de memorias, nos habla en primera persona, de forma sencilla pero al mismo tiempo muy literaria, muy acogedora y emotiva. Sus frases no son largas ni complejas y, aun así, resulta muy exhaustivo y atrapante en su contar. Disfruto mucho de este tipo de narración, precisamente por demostrar que no siempre en lo complejo está una mejor capacidad narrativa ni literaria. Describe su vida y los ambientes donde vivió de forma muy vívida; con un deje bonito y muy emocional a la hora de contar vivencias y anécdotas, pero sin sentimentalismo ninguno. Hay escenas descritas de forma muy literaria y lírica: se me ha quedado marcada una en la que cuenta cómo iba a pescar con su padre (y, como esta, tantas otras).
Como en toda vida, encontramos muchos temas vitales. Pero, sobre todo, por centrarse en esas primeras etapas, se siente como una novela de crecimiento. Se nos muestra ese mundo de la infancia en el que se absorbe mucho de lo que nos rodea. Lleno de vivencias de todo tipo que dejan huella: momentos cotidianos, otros más extraordinarios, incluso vivencias que pueden ser contradictorias, impactantes o dolorosas, pero todas enriquecedoras a su manera. Se deja ver el desarrollo intelectual (asociado también a la posibilidad de formación) que va permitiendo el análisis del mundo de forma más crítica. Esos primeros momentos en los que afloran sentimientos más complejos, en los que también toca asumir las primeras pérdidas y enfrentarse a las realidades —buenas y malas— que tiene la vida, van abriendo una conciencia nueva. Se empieza a comprender que existen distintas clases de vida y grandes contrastes entre unas y otras, y a percibir cómo los movimientos sociales y políticos y la sociedad en la que uno crece dejan su marca. Todo ello desemboca en el despertar de ese joven que recién se gradúa y empieza a pensar en su futuro y en lo que quiere hacer con su tiempo.
Cerré el libro con ganas de continuar conociendo esta vida contada de forma tan magistral y amena. Es una lectura que me ha hecho reflexionar sobre cómo, en esos periodos infantiles y juveniles, vivimos momentos y nos relacionamos con personas que, si los analizamos con distancia, descubrimos que nos influyeron sobremanera. El carácter transformador de las vivencias en esas épocas es único. Cierto es que siempre estamos desarrollándonos, pero la experiencia vital nunca afecta igual que en esas fases tempranas de nuestra vida, donde todo se vive como nuevo, como revelador. Son momentos en los que la capacidad de comprensión sobre lo que nos rodea es quizá limitada, y los estímulos se asumen a nuestra manera, pero nos impactan de forma muy concreta. Así se va forjando lo que más adelante seremos, combinado con ese fondo que sí llevamos dentro.
Un libro estupendo, para leer con calma y disfrutarlo. Permite conocer una vida interesante y nos acerca, desde la mirada del propio Paustovski, al contexto social e histórico ruso de principios del siglo XX en el que vivió.
—¿En qué piensas, Kóstik? —me preguntó Gleb.—Pues... en todo y en nada...Pensaba que nunca creería a quien me dijera que esta vida, llena de amor, de búsqueda de la verdad y la felicidad, de relámpagos y del lejano murmullo del agua en medio de la noche, carecía de sentido y de razón de ser. Todos y cada uno de nosotros debemos luchar por afirmar siempre esta vida en todas partes y hasta el fin de nuestros días.




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