LA CORRESPONSAL

Título:
 La corresponsal
Autora: Virginia Evans
Traducción: Eugenia Blanco
Idioma original: Inglés
Editorial: VR Europa
Año publicación/edición: 2025/2026
Páginas: 360


Sinopsis oficial:
Durante toda una vida, Sybil Van Antwerp ha utilizado la correspondencia para dar sentido al mundo y a su lugar en él. Casi todas las mañanas, alrededor de las diez y media, se sienta a escribir cartas: a su hermano, a su mejor amiga, al rector de la universidad que no le permite asistir como oyente a una clase que desea cursar, a Joan Didion y a Larry McMurtry para decirles lo que piensa de sus últimos libros, y a una persona a la que le escribe a menudo, pero a la que nunca le envía las cartas.

Sybil ha vivido una vida plena como madre, abuela, esposa, mujer divorciada y abogada prestigiosa, y espera que su mundo siga como siempre. Pero cuando la correspondencia de alguien de su pasado la obliga a examinar uno de los períodos más dolorosos de su vida, se da cuenta de que la carta que ha estado escribiendo durante años debe ser leída y que no podrá seguir adelante hasta que encuentre en su corazón la capacidad de perdonar. 

Opinión: 
A través de la correspondencia de Sybil Van Antwerp nos acercamos a su vida, a sus heridas y a la forma en que ha intentado sostenerse a lo largo de los años. Sybil ha sido hija, hermana, amiga, esposa, madre y abogada durante décadas, y arrastra una pérdida y un conflicto emocional profundo que han marcado sus relaciones y su manera de estar en el mundo. Esa herida —que el lector descubrirá al leer estas cartas poco a poco— explica mucho de lo que es y ha vivido Sybil a la edad de setenta y tres años, que es cuando la conocemos. 

Escribo despacio. Una carta puede llevarme una hora o más. No me apresuro. Pienso cada frase. No me canso de la mano. No hay que precipitarse. Cuando te precipitas, escribes cosas que no querías decir y acabas agotada. Hace falta paciencia para decir exactamente lo que uno quiere, para encontrar la palabra justa. A veces hago un borrador y lo lleno de correcciones antes de pasar en limpio la versión final. Creo que uno debe cuidar la comunicación. Recuerda: las palabras, sobre todo las escritas, son inmortales.

Una novela bonita, ágil y amena, ligera podría decirse, pero con una seriedad que irrumpe y te toca de lleno. Tiene sus partes duras, emocionalmente hablando, porque avanza impulsada por un conflicto profundo y complejo: Sybil lleva toda la vida intentando perdonarse por algo que nunca supo gestionar. Una culpa que ha condicionado sus decisiones y sus vínculos; esa culpa regresa fuerte por otra pérdida que remueve lo que nunca desapareció, y habrá de ajustar cuentas con ella y con el pasado para poder avanzar. El sanar es importante y vemos cómo para cerrar heridas hay que saber perdonarse a uno mismo y también a otros, porque de lo contrario se arrolla con la culpabilidad y los remordimientos todo lo que nos rodea.

Evans construye la historia a través de un formato epistolar que funciona de maravilla. A mí al menos me conquistó desde el inicio. Accedemos a las cartas que escribe Sybil, pero también las que recibe de multitud de figuras con las que se comunica, algunas más cercanas que otras. Esto permite ir dibujando su persona y también que el pasado vaya entrando poco a poco, como a trozos, revelando las distintas etapas de su vida y los acontecimientos que la moldearon. La correspondencia se convierte en un puente entre tiempos, incluyendo lo que está viviendo en su presente y lo que está por llegar...

La voz de Sybil es uno de los grandes aciertos del libro, la he disfrutado mucho. Carismática, divertida, directa y, al mismo tiempo, tierna. Tiene una mezcla de lucidez y vulnerabilidad que la hace muy humana, te apegas a ella y te interesa profundizar en su persona. Con sus más y sus menos, Sybil se hace querer mucho. Estas cartas llevan a momentos duros, a relaciones familiares y de amistad diversas, donde la tensión, las rencillas enquistadas y los remordimientos pesan más de lo debido en ocasiones. Pero también a vivencias ricas, interesantes, de generosidad y alegría dada y recibida. A mí estas cartas me han hecho reflexionar bastante. Sobre el paso de la vida, sobre lo que hacemos y las decisiones que tomamos en cada etapa, sobre cómo nos marca la familia que formamos y de la que venimos. También sobre la importancia de abrirnos a nuevas relaciones, de no encerrarnos en nosotros mismos. Destaco esa importancia de seguir adelante, de asumir culpas cuando toca, de perdonarse y continuar. La novela habla de cómo el tiempo no cura por sí solo, y menos el aislamiento, y de cómo las decisiones o acciones que evitamos pueden terminar afectando a quienes nos rodean.

Y, por supuesto, el acto de escribir —cartas, emails, mensajes— está muy presente. Esa forma de pensar en lo que queremos decir, de tomarse el tiempo necesario pero sin urgencia, de compartir y de responder. Me ha encantado verlo como un arte cotidiano, como una manera de estar presentes en la vida de los demás e incluso servir como registro vital de una persona. Además, Sybil es una gran lectora, y es un gustazo encontrarse con tantos libros y autores mencionados a lo largo de la novela. El hecho de que se lance a escribir a sus autores y personas favoritas que han influido en ella de alguna manera me parece no solo inspirador, sino también muy divertido. ¿Por qué no decirle a tu autor/a preferido lo mucho que te ha gustado alguno de sus libros o cómo te ha influido su obra? Que responda o no, ya es otro tema.

Imagine: las cartas que enviamos al mundo, las que recibimos de vuelta, son como piezas de un rompecabezas magnífico o, mejor aún —aunque la metáfora resulte algo anticuada—, los eslabones de una cadena. Y aunque esos eslabones no vuelvan a unirse —lo cual seguramente ocurrirá—. incluso si se dispersan como semillas frágiles de un diente de león moribundo, ¿no hay algo maravilloso en eso? Pensar que la historia de una vida quede preservada de alguna manera, que esta misma carta pueda significar algo algún día, aunque sea algo pequeño, para alguien.

En resumen, he disfrutado mucho de esta lectura. Me deja una sensación melancólica pero tierna, y cierro el libro con una sonrisa, quedándome un poco con Sybil y su vida en la cabeza. Lectura estupenda para cuando apetece algo ligero, pero con significado; o para compaginar con lecturas más densas.

Comentarios