PAN DE JENGIBRE

Título:
 Pan de jengibre
Autora: Helen Oyeyemi
Traducción: María Belmonte
Idioma original: Inglés
Editorial: Acantilado
Año publicación/edición: 2019/2025
Páginas: 280


Sinopsis oficial:
Harriet Lee puede parecer a sus vecinos la típica madre trabajadora, y su hija Perdita la no menos típica colegiala británica, pero hay indicios de que no son tan normales como ellas creen. Para empezar, Harriet hace un pan de jengibre muy especial, que quizá no parezca nada del otro mundo a los londinenses, pero es muy popular en Druhástrana, la lejana tierra—según muchas fuentes inexistente—donde vivió hasta su primera juventud junto a su carismática amiga Gretel Kercheval, una figura que tuvo algo que ver en todo lo que ocurrió—bueno y malo— a Harriet desde niña. No obstante, sólo décadas más tarde, cuando una Perdita ya adolescente se proponga reencontrar a esta amiga de su madre, descubriremos la verdadera historia de Harriet. Inspirada por la tradicional presencia del pan de jengibre en las fábulas infantiles, Helen Oyeyemi nos invita a saborear esta deliciosa historia de una gran familia cuya herencia es una receta. Un relato sorprendente y un auténtico festín para el lector.

Opinión: 
Hay libros cuya experiencia lectora cuesta explicar. 
Pan de jengibre es uno de ellos. Me ha gustado mucho y, al mismo tiempo, me ha dejado desconcertada. He intentado sopesar lo que me ha transmitido y, aun así, no soy capaz de entender del todo qué es lo que me ha gustado ni cuál es el tema —o los temas— centrales que aborda. Nada parece explicarse, a veces me costaba percibir un sentido interno claro, cosas que no me encajaban. Pero vas leyendo y todo funciona. Es como si Oyeyemi prefiriera sugerir antes que explicar, abrir puertas antes que cerrarlas. No sé decirlo de otra manera. Es un libro que no se deja resumir fácilmente.

Si Harriet quiere ganarse tu simpatía o teme caerte mal, se presentará en tu casa con una vieja lata de galletas llena de pan de jengibre para luego retirarse sonriendo y asintiendo con la cabeza mientras te pide que se la devuelvas cuando te vaya bien. No finge esperar que lo disfrutes, porque sabe que lo harás. Quizá creas que no te gusta el pan de jengibre, pero eso es porque todavía no has probado el suyo. 

En esta historia conocemos a Harriet, a su hija Perdita y a su madre, Margot. Recorremos distintos escenarios, entre ellos Druhastriana, un lugar que no figura en ningún atlas aunque hay quien asegura ser de allí. Harriet procede de este país invisible para muchos y nos lleva a su mundo y a su pasado: la historia de su familia, la importancia del pan de jengibre y su vínculo estrecho con la chica cambiada, Gretel. Siento que intentar explicar de qué trata este libro es tarea no solo ambiciosa, sino también un tanto inútil. Podría extenderme contando lo que sucede, pero realmente es lo menos importante. Es un libro para meterse en él, para dejarse llevar por ese universo complejo y fantástico —y al mismo tiempo sorprendentemente realista— que Oyeyemi crea.

Ser druhastraniano consiste en lamentar la propia condición hasta que un cargo oficial te dé su visto bueno. E incluso si alguien te lo da hoy, ¿no necesitarás volver a confirmarlo más tarde, recibir otro sello oficial en otra oficina dentro de un año? Es a todas luces una mentalidad que puede trastornar a un pueblo entero. Basta con someterlo a un siglo o dos de libertades y restricciones que entran en vigencia y se abolen de un año para el otro, que palabras y acciones que hasta ayer eran vistas con malos ojos hoy gocen de amplia aceptación...

Conocía de oídas el estilo tan particular de esta autora y sabía que no suele dejar indiferente a sus lectores. Algunos se preguntan si en sus libros hay desvarío o brillantez; yo diría que hay una buena combinación de ambos. Cuando empiezas la novela parece que irá por un camino y, de pronto, te encuentras en un mundo lleno de imaginación un tanto raro, que resulta muy curioso de leer. Creo que la autora intenta expresar cosas complejas usando la literatura, y puede que el resultado sea un poco inaccesible. Aquí crea un ambiente en el que nunca sabes bien dónde estás, pero que se siente muy real. Trata realidades y problemáticas muy cercanas de formas inesperadas. Quizás te pierdas un poco con ciertos personajes, lugares o elementos que se repiten; quizás no llegas a pillarle el punto a lo que pasa o a lo que busca decir. Pero yo diría que sí, que ahí hay algo real, algo que te coge de la mano, pero que al mismo tiempo se te resbala —al menos esa ha sido mi sensación muchas veces—. No todos los lectores disfrutan de este tipo de impresiones al leer; en mi caso, hay veces que me funcionan y otras que no. En esta ocasión, sí ha sido de mi gusto.

Ay, pero ahora sí que ya no me escuchas, Harriet Lee. Así que por el momento me limitaré a decir que una servidora —tu escriba, tu amiga— espera haber logrado ganarse la amistad del resto de tus amigos. Ya hablaremos al llegar a la casa; ya sabes, la tercera que no está encantada. 
Te veo allí. 
(Como aquí). 

Me gustaría comentar este libro, pero no en un grupo de lectura: cada cual podrá hacer interpretaciones varias, válidas y oportunas, pero no es eso lo que me interesa debatir. En esta ocasión, lo que otros piensen sobre esta lectura no me atrae tanto; lo que verdaderamente me interesa es conocer la propia creación del texto. Me gustaría hablar con la autora, indagar en qué pensaba y qué buscaba transmitir con su historia. Le preguntaría qué la llevó a crearlo, por qué eligió ciertos elementos —¿por qué el pan de jengibre?, ¿qué significan las distintas reacciones que provoca?, ¿qué representa Gretel y qué representa la población de Druhastriana?, ¿qué papel tiene el lenguaje, el sentirse extranjero, la incomunicación?, ¿qué hay detrás de esos con los que parece hablar sobre los que no tienen nada, sobre los conformistas, sobre las críticas sociales que se dejan ver? ¿Qué intención hay en representarlo todo de esta forma?—. 

Me quedo con ganas de saber más, de darle un sentido más profundo a lo leído. Sé que lo tiene. Sé que hay cosas que entendería mejor si conociera las inquietudes de la autora; me gustaría sonsacárselas. He de decir que no siempre me ocurre esto cuando leo libros cuyo rumbo no termino de captar. Es más, no suele pasarme: lo ambiguo, lo abierto, lo simbólico, lo no explícitamente claro también me resulta muy atrayente en literatura. A veces siento que el autor cuenta sus verdades, sus ideas centrales, y aunque no las entienda del todo, me da igual: me quedo con lo que me transmite. En este caso, no. Aquí sí quiero llegar. Quiero saber qué quería decir la autora con según qué cosas que intuyo, pero cuyo significado se me escapa.

En resumen, encuentro cierta locura en este libro, pero con bastante cordura detrás. Hay muchas cosas bajo la superficie. ¿Pueden ser demasiadas? Podría ser. La lectura me ha fascinado y me ha cautivado; he puesto de mi parte, le he dado vueltas… pero me quedo algo frustrada. Esa es, quizá, la sensación más apremiante que me quedó al terminarla.

Comentarios