LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ

Título:
 Lo que el viento se llevó
Autora: Margaret Mitchell
Traducción: Juan G. de Luaces y J. Gómez de la Serna
Idioma original: Inglés
Editorial: Zeta Bolsillo
Año publicación/edición: 1936/2007
Páginas: 988

Sinopsis oficial:
Scarlett O'Hara vive en Tara, una gran plantación del estado sureño de Georgia, y está enamorada de Ashley Wilkes, que en breve contraerá matrimonio con Melanie Hamilton. Estamos en 1861, en los prolegómenos de la guerra de Secesión, y todos los jóvenes sureños muestran entusiasmo por entrar en combate, excepto el atractivo aventurero Rhett Butler. A Butler le gusta Scarlett, pero esta sigue enamorada de Ashley, que acaba de hacer público su compromiso con Melanie. Despechada, Scarlett acepta la propuesta de matrimonio de Charles, el hermano de Melanie, al que desprecia. Años más tarde, y como consecuencia del final de la guerra, ya viuda, Scarlett debe afrontar situaciones nuevas como el hambre, el dolor y la pérdida e instalarse en Atlanta, donde Melanie espera noticias de Ashley y Butler aparece de nuevo en escena.

Opinión: 
¡Por fin me he quitado la espinita de leer «Lo que el viento se llevó»! Y presiento que me voy a alargar irremediablemente en esta reseña: es uno de esos libros de los que cuesta dejar de hablar. Supongo que todos, de una u otra forma, conocemos aunque sea de oídas esta novela; como mínimo, se nos viene a la cabeza alguna imagen de la película que la adapta —película estadounidense producida por David O. Selznick y dirigida por Victor Fleming, estrenada en el año 1939— o nos suena su famosa frase: «¡a Dios pongo por testigo de que jamás volveré a pasar hambre!». Lo cual no quita que no muchos son los que han leído la novela en sí. En mi caso, la tenía muy pendiente y un poco olvidada en la estantería. Me animé a leerla junto a unos compis lectores —con los que siempre es un gusto comentar las lecturas—, así que ha sido estupendo disfrutar de la obra con el plus de hacerlo en compañía. Una lectura que ha cumplido, y más que cumplido, las grandes expectativas que llevaba. ¡Qué historia y qué personajes! Me ha tenido pegada a sus páginas, interesada en todo momento, emocionada, en vilo y muy apegada al destino de unos protagonistas que se quedan con el lector. Una vez leída, no puedo más que animar a hacerlo: ¡es toda una experiencia! Por cierto, tras leer el libro volví a ver la película, que hacía muchos años que había visto, y ¡qué disfrute! Me ha encantado también.

Era una tierra de tonalidades rojas, color sangre después de las lluvias y color polvo de ladrillo en las sequías; la mejor tierra del mundo para el cultivo de algodón. Era un país agradable, de casas blancas, apacibles sembrados y perezosos ríos amarillos; pero una tierra de contrastes, con el sol más radiantemente deslumbrador y las más densas umbrías. Los claros de la plantación y los kilómetros de campos de algodón sonreían al sol cálido, sereno, complaciente. A sus lados se extendían los bosques vírgenes, oscuros y fríos aun en las tardes más sofocantes; misteriosos, un tanto siniestros, los rumorosos pinos parecían esperar con paciencia secular, para amenazar con suaves suspiros: «¡Cuidado! ¡Cuidado! Fuisteis nuestros en otro tiempo. Podemos arrebataros otra vez».

Ahora sí, me centro en lo que me ha parecido esta obra. Una novela considerada además bastante polémica, especialmente si se mira con ojos de hoy. Pero antes de entrar en eso, para situarnos un poco, conviene empezar por lo esencial: ¿qué se nos cuenta en «Lo que el viento se llevó»? En esta historia nos situamos en 1861 y conocemos a Scarlett O'Hara, una joven cuya familia es propietaria de Tara, plantación de algodón situada en el estado sureño de Georgia, Estados Unidos. Scarlett vive cómodamente, disfruta de los bailes, le gusta ser el centro de atención en todo momento y está enamorada del joven Ashley Wilkes—hijo de otra familia aristocrática sureña dueña de Doce Robles—. Su mundo apacible y luminoso se detiene cuando descubre el compromiso de su querido Ashley con otra joven, Melanie Hamilton. En la fiesta donde Ashley le confirma dicho compromiso, Scarlett conocerá a alguien que tendrá un papel decisivo en su vida: Rhett Butler, cuya presencia la desconcierta tanto como la noticia que acaba de recibir. Mientras su corazón se tambalea por este compromiso que acaba de conocer —y que la impulsa a tomar decisiones precipitadas— estalla la Guerra de Secesión, que enfrenta al ejército confederado del Sur (mundo al que pertenece Scarlett) con el ejército de la Unión del Norte. Ambos bandos representan visiones opuestas, especialmente en lo referente al uso de mano de obra esclavizada en el sur y el objetivo del norte de abolirla. Scarlett vivirá innumerables experiencias durante la guerra y en los años posteriores. Solo te queda sumergirte en este mundo sureño del que, una vez dentro, cuesta salir: caminarás al lado de Scarlett en cada peripecia, cada pérdida y cada desafío, así como en las vidas de quienes la rodean.

Pensó sin sorpresa, mirando hacia abajo desde su altura, que sus hombros eran ahora lo suficientemente vigorosos para soportar cualquier peso, ya que habían soportado lo peor que podía ocurrirle. Le resultaba imposible desertar de Tara: pertenecía a aquellas hectáreas de rojas tierras más de lo que las tierras podían pertenecer a ella. Sus propias raíces penetraban hondamente en el suelo color de sangre y sorbían vida en él, lo mismo que el algodón. Se quedaría en Tara y la sostendría [...]. 

¡Cómo he disfrutado de esta lectura! Te absorbe que da gusto. La manera en que la autora estructura la novela, dosifica la información y maneja el ritmo narrativo —además de cómo crea expectación en el lector a lo largo de casi mil páginas— me parece magistral. La ambientación es estupenda y la construcción de los personajes me ha fascinado. Scarlett, sin duda, se lleva la palma. Creo que, junto con esa facilidad con la que el lector entra en la historia sin querer soltarla, son los personajes, con su complejidad y desarrollo, lo que más me llevo de esta obra. Y, cómo no, Scarlett O'Hara es la reina indiscutible del elenco. 

Veía las cosas con otros ojos, porque en el largo camino hasta Tara había dejado atrás su niñez. No era ya una dúctil y plástica arcilla que acusaba nuevos contornos a cada nueva experiencia. La arcilla se había endurecido, no sabía cuándo, en aquel día indefinido que había durado mil años. Aquella noche sería la última vez que habrían de cuidarla como a una chiquilla. Ahora ya era una mujer y la juventud había escapado. 

Pocas protagonistas remueven tanto como Scarlett O'Hara, al menos a mí. Una figura llena de fuerza y rebeldía, de orgullo y ambición, la única que mueve la rueda cuando hay que moverla para sacar adelante tanto a los suyos como a sí misma. Pero está muy lejos de ser una heroína honorable, generosa y bondadosa; más bien al contrario. Es un personaje complejo que refleja el temperamento irlandés, heredado de su padre, mezclado con ese mundo del sur que lleva dentro —su unión con la tierra y su instinto básico de supervivencia—. No encaja del todo en el molde del ideal sureño, no se ajusta a la causa por la que luchan ni se comporta como "una dama sureña". Hace lo que tiene que hacer para salirse con la suya, cumpla o no con los valores que le rodean, sea aquello o lo otro moral o no. Quizás por eso resulta tan magnética: es sureña, pero no como se espera que lo sea, con esas otras raíces que la colocan en posición muy distinta del resto. Se sitúa lejos de esas cualidades esperables que solemos buscar en una protagonista, y aun así es digna de admiración y fácil de comprender en su imperfección.

El hambre volvía a roerle el vacío estómago. Exclamó en voz alta: —Dios sea testigo de que los yanquis no van a poder conmigo. Voy a sobrevivir a esto, y cuando todo termine no volveré a pasar hambre otra vez. Ni yo ni ninguno de los míos, aunque tenga que robar o matar. ¡Dios sea testigo de que nunca más voy a pasar hambre!

Melanie Hamilton, su cara opuesta, sí es esa dama que el modelo tradicional sureño acepta; no solo es la aceptada sino que encarna a la más pura dama sureña, con sus valores y su comportamiento intachable. Es un personaje quizá muy extremo a mi modo de ver, pero igualmente se siente tan real, tan leal, y mucho más fuerte y poderoso de lo que puede parecer de primeras. Representa a esas personas cuya bondad les impide ver lo oscuro en los demás y que sacan lo mejor de quienes las rodean, casi por un efecto de profecía autocumplida. La madre de Scarlett y Mamita, la esclava negra que la cría, son igualmente personajes memorables, aunque no me detenga aquí en ellas.

Sí, Melanie había estado allí aquella tarde con una espada en su diminuta mano, dispuesta a luchar por Scarlett. Y ahora, mientras esta volvía tristemente la vista atrás, se dio cuenta de que Melanie había estado siempre a su lado con una espada en la mano, tan intangible como su propia sombra, amándola, luchando por ella con una lealtad ciega y apasionada, luchando contra los yanquis, el fuego, el hambre, la miseria, la opinión pública y hasta contra las personas amadas de su misma sangre. 

En cuanto a los personajes masculinos, pasaría lo mismo, muchos pueden mencionarse y dan para extenderse, entre ellos Gerald O'Hara, el padre de Scarlett. Pero me detendré en Ashley Wilkes y Rhett Butler por ser los más centrales. En Ashley Wilkes tenemos al idealista, el culto, el introspectivo, el que se aleja del "estereotipo sureño" —los Wilkes son una familia sureña aristocrática pero más intelectualizada, sin esa identidad, sentido práctico ni orgullo sureño que tanto define a las familias que los rodean—, que tras la guerra cae en desgracia siendo incapaz de levantarse en un mundo que ha dejado de ser el suyo, un lugar donde no sabe caminar ni parece poder aprender nuevos pasos de los que ya conoce. Curioso su modo de ver el mundo y la vida, una visión que lo condena a no poder adaptarse a la realidad que le ha tocado vivir. 

Me importa mucho haber perdido todo lo que había de bello en la vida de antes, para mí tan grata. Scarlett, antes de la guerra, la vida era hermosa. Poseía una brillantez, una perfección, una simetría, comparables a las del arte griego. Acaso no fuese así para todos. Ahora lo comprendo. Pero, para mí, viviendo en Doce Robles, existía verdadero encanto en la vida. Yo pertenecía a esa vida. Formaba parte de ella. Y ahora ha desaparecido, y me hallo fuera de lugar en la nueva vida [...].

Rhett Butler es el otro personaje estrella junto a Scarlett, un personaje interesantísimo y fascinante: inteligente, sarcástico, cínico e hiriente; brabucón, oportunista y golfillo, pero sensible, generoso y bondadoso como el que más. Es un incomprendido por un sistema que lo castiga y del que él mismo decide salirse sin importarle el qué dirán. Su forma de entender el sistema social y el mundo que lo rodea le permite moverse en él de una manera muy distinta a Ashley, aun habiendo sido ambos educados en una élite intelectual similar.

Todas las guerras son sagradas —replicó— para los que deben hacerla. Si los que empiezan una guerra no la declarasen sagrada, ¿quién sería tan bobo que fuese a combatir? Pero, digan lo que quieran los oradores a los idiotas que van a hacerse matar, cualquiera que sea el noble fin que le asignen a la guerra, la razón de esta es siempre una sola: el dinero. Todas las guerras no son más que cuestión de cuartos. Pero poca gente se da cuenta de ello. Sus oídos están demasiado llenos de toques de trompetas y redobles de tambores y de bellas palabras de los oradores que se quedan en casa. 

La parte amorosa de la trama me ha gustado muchísimo. Refleja muy bien el poder que puede llegar a tener la idealización de los amores juveniles, esos amores imposibles que nunca llegaron a ser y que, precisamente por eso, se engrandecen y se distorsionan. Amores que se contemplan desde la fantasía y no desde la realidad, capaces de nublar decisiones y condicionar la construcción de una vida entera. Pero también muestra cómo esas idealizaciones se desmoronan cuando se miran con madurez, con los ojos adultos de quien ya ve más allá de mariposas y sueños inventados. En esta historia el amor más real y profundo —el de verdad— termina imponiéndose sobre esas fantasías traicioneras y vacías que se desinflan en cuanto la realidad toma la palabra. Me gusta cómo la autora le abre los ojos a su protagonista con respecto a esto, así como con otro tipo de relaciones a las que aprende a darles el valor real que tienen (aunque pueda sentirse que lo hace tarde). 

Scarlett levantó su atormentada mirada hasta su rostro y se sintió algo confortada por la impasible e inescrutable expresión de Butler. No comprendía por qué sentía esta sensación; tal vez fuese porque como él decía, los dos se parecían mucho. Scarlett pensaba algunas veces que todas las personas que ella había conocido, excepto Rhett, le eran extrañas. 

Por señalar algo que me ha chirriado, diré que la última parte me resulta un poco precipitada: noto que Mitchell elabora la parte última con cierta prisa si se compara con la lentitud y el detallado desarrollo de otros tramos de la novela —como todo lo relativo a los años de guerra y al posterior periodo de “reconstrucción”, donde el paso del tiempo se percibe con mucha más claridad—. Lo que no significa que el final no me haya gustado, es más, me encanta cómo cierra y me emocionaron mucho ciertos momentos finales. También me ha sorprendido que haya tantos capítulos en los que Rhett no está presente; esperaba que tuviera un peso más constante a lo largo de la obra (aunque ya adelanto que eso no le resta ni un ápice de interés ni de centralidad). Scarlett, por sí sola, tiene tanto tirón que no necesita a nadie para sostener la trama, pero aun así imaginaba una presencia más continua de Rhett. Quizá precisamente por no aparecer de forma tan regular, cada una de sus apariciones me generaba más expectación: deseaba sus llegadas, me encantan sus diálogos con Scarlett. «Si hay algo en el mundo que me divierta de veras —observó él—es el espectáculo de sus luchas mentales cuando una cuestión de principio está en pugna con una cuestión práctica como es el dinero. Naturalmente, en usted el lado práctico siempre vence, pero yo continúo a su alrededor para ver si el lado mejor de su naturaleza logra triunfar algún día. Y, cuando llegue ese día, haré la maleta y me marcharé de Atlanta para siempre. Hay demasiadas mujeres en las que triunfan siempre los buenos instintos...». ¡Cada vez que Rhett entra en escena, todo se vuelve aún más interesante!

La polémica que genera este libro en torno a la romantización de la esclavitud y de ese supuesto "bienestar sureño" es evidente. Mitchell muestra un Sur idealizado que no se corresponde con la realidad histórica, sino con la visión que los propios confederados tenían de sí mismos: un mundo que ellos consideraban bueno, próspero y casi idílico, y que la guerra vino a destruir. En la novela se nos ofrece esa mirada parcial: los yanquis (los soldados y simpatizantes de la Unión del Norte) aparecen como los villanos, los negros liberados como una amenaza y los sureños como víctimas de un sistema que les arrebata su "estupendo" modo de vida. Es una perspectiva que, como lectores, debemos observar siempre con ojos críticos. Y tampoco hay que darle mayor importancia ni buscar que se eliminen o se modifiquen obras como estas, al menos así lo veo yo. Solo hay que atender que novelas tan detalladas en lo descriptivo —tanto en ambiente y costumbres, como en acontecimientos y personajes históricos— requieren una lectura consciente, sin quedarnos únicamente con la visión que se expone en sus páginas.

Aun con todo esto, esta novela es tanto, que hay que saber separar lo polémico que entraña de las bondades literarias con las que cuenta. Mitchell consigue meternos de lleno en el mundo de los sureños, en sus plantaciones, en sus ciudades, en Tara, en Atlanta… Y lo hace con una fuerza descriptiva impresionante. Los momentos ambientados durante la guerra, con escenas llenas de acción y dramatismo, están escritos con tal intensidad que me sentía completamente dentro de la historia, viviendo la agonía, el agobio, el miedo, la impotencia y la frustración que experimentan los personajes principales.

En resumen, ha sido una experiencia lectora muy intensa e inolvidable. Me quedo especialmente con los personajes, con los momentos cargados de emoción y expectación, y con la manera en que la autora te hace vivirlos. La trama amorosa, tan bien llevada, resulta muy atractiva, sobre todo con personajes tan complejos como Scarlett y Rhett, cuya relación es un eje muy potente en la novela. Sin más, te invito a que le des su oportunidad y espero que te atrape tanto como a mí.

Con el espíritu de su raza, que se niega a reconocer la derrota, aun cuando la mire fijamente a la cara, Scarlett levantó la cabeza. [...] «Pensaré en todo esto mañana, en Tara. Allí me será más fácil soportarlo. Sí: mañana pensaré en el medio de convencer a Rhett. Después de todo, mañana será otro día».

Comentarios

  1. ¡Qué pedazo de reseña te has marcado! No he leído esta novela, he visto muchas veces la película, y me gusta. Ojalá me cruce con alguna edición porque me has generado unas ganas totales de leerla. Desde la ignorancia de quien sólo ha visto la película, me parece una historia total: tiene marco histórico; personajes magnéticos y bien trazados; peripecias y acción, trasfondo... Qué ganas de leerla me has dejado.

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    1. Totalmente. Es todo un novelón. La película también es muy buena adaptación. En cuanto a las ediciones, la cosa está un poco escasa diría. Esta mía es de segunda mano, las letras superpequeñas y muy incomodas de leer, por cierto. Creo que ya no está disponible. Sé que Reino de Cordelia sacó una edición de lujo, ilustrada, preciosa y seguro que muy cuidada en todos los detalles, pero el precio también era elevado y realmente no sé si ya está descatalogada. En fin, deberían de sacar más ediciones de esta historia jejeje. Si la lees, espero que también la disfrutes tanto como yo y como la mayoría de los lectores que se acercan a ella.
      Un abrazo, Álvaro.

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