LA MUJER ABANDONADA

Título:
 La mujer abandonada
Autor: Honoré de Balzac
Traducción: José Ramón Monreal
Idioma original: Francés
Editorial: Ediciones Invisibles
Año publicación/edición: 1832/2026
Páginas: 96


Sinopsis oficial:
Por recomendación de su médico, el joven barón Gaston de Nueil se marcha del frenesí de París y se instala en una pequeña ciudad de Normandía, Bayeux, donde no tarda en aburrirse de la calma y de los chismes de la aristocracia rural. Hasta que descubre la existencia de la vizcondesa Clara de Beauséant, una mujer tan bella como misteriosa que, tras un mal matrimonio y una desafortunada aventura amorosa, vive alejada del mundo en su castillo. Gaston enseguida se siente atraído por ella, pero el rechazo constante de la vizcondesa ante todos sus intentos de aproximársele determinará que Gaston, profundamente enamorado, inicie un desesperado juego de seducción.

Opinión:

Más adelante ya sabrá usted que no hay que estrechar lazos cuando necesariamente tienen que romperse un día u otro.

En esta pequeña nouvelle, La mujer abandonada, Balzac nos sitúa en la primavera de 1822 y nos presenta al joven barón Gaston de Nueil. Este, por prescripción médica, se traslada desde el apabullante París hacia la calma provinciana de una pequeña ciudad de la Baja Normandía, Bayeux, para pasar una temporada. Allí encuentra calma, pero también un pequeño mundo lleno de figuras un tanto ridículas, de chismes y de costumbres desfasadas y muy alejadas del gran París al que está acostumbrado. En principio, encuentra divertido y hasta entretenido notar las diferencias; pero, irremediablemente, el tedio y el vacío de este rincón empiezan a hacer mella en él, incluso comienza a sentir ese bienestar adormecido por la falta de estímulo que vislumbra en los que allí viven. De repente, una información lo zarandea y lo saca de su letargo: se entera de que en la zona vive la señora de Beauséant, vizcondesa separada de su marido y abandonada por su amante, que vive deliberadamente retirada de la sociedad a causa de esa aventura vivida en el pasado (¡todo un escándalo!). El saber que esta mujer está a su alcance abre en Gaston unas expectativas nuevas y un deseo irrefrenable de conocerla. Su mera existencia actúa como una chispa de poesía y novedad que lo revive y lo saca de este ambiente que comenzaba a anestesiarlo. En el ímpetu y las ilusiones de su juventud encuentra la fuerza —y también el descaro— para presentarse ante ella. Lo que deriva de este encuentro le marcará para siempre, sellando también su destino. 

La señora de Beauséant contrastaba demasiado vivamente con los autómatas en medio de los cuales el joven vivía desde hacía dos meses de destierro en un rincón de Normandía, para que no personificase para él la poesía de sus sueños; así como tampoco sus perfecciones admitían comparación con las que tiempo atrás él había admirado. 

Me ha encantado esta pequeña historia. Atrapada de principio a fin, ¡y qué final! Una obra breve, pero intensa, donde el autor condensa mucho con una precisión admirable. En ella vemos la imposibilidad de un amor por lo que la sociedad impone, pero hay mucho más expuesto. La pureza del amor, presente en una amante en lugar de en la esposa, por ser esta última de obligación social, es el que se eleva. La fragilidad de la reputación femenina está presente, así como la forma en la que las convenciones sociales, con sus normas y extravagancias, pueden encorsetar la vida y complicarla, marcando conductas de forma silenciosa pero inexorable. Asimismo, se observa el contraste entre la actitud vital propia de la juventud y la que caracteriza a la vida adulta.

El amor de verdad —con todo el sacrifico o renuncia que requiera—, la resignación ante la condena y el castigo social y, sobre todo, el miedo al abandono están muy visibles en la vizcondesa, así como una sabiduría de la vida formada a fuerza de experiencia muy interesante. Un personaje complejo y muy atractivo la vizcondesa, me ha gustado mucho encontrarme con ella. «Yo no sé sino amar: ¿cómo pensar en uno mismo cuando se ama? Y así fui esclava cuando hubiera debido convertirme en tirano. Los que me conozcan podrán condenarme, pero me estimarán». En Gaston, se aprecia al joven de corazón noble, aún no corrompido ni por la vida ni por la sociedad imperante, lleno de pasión, ilusiones e impulsos genuinos. Ve la vida con ojos luminosos y pasionales, pero al alcanzar la adultez, la supuesta "madurez" lo obliga a atender lo que su mundo impone. Su ingenuidad se corrompe en muchos detalles, y ha de colocar en la balanza el peso de las preocupaciones y responsabilidades, tanto personales como sociales, que empiezan a delimitar su conducta, empujándolo a caminos por lo que no hubiese cogido si las circunstancias hubiesen sido diferentes: «el amor de Gaston pugnaba contra todas las seducciones de una vida regulada de acuerdo a las conveniencias y conforme con los principios de la sociedad». Y hay decisiones que se toman sin posibilidad de marcha atrás.

Si aún conserva en los labios el regusto de un amor celestial, y ha herido de muerte a su verdadera esposa en provecho de una quimera social, entonces es menester que muera o acepte esa filosofía material, egoísta, fría, que inspira horror a las almas apasionadas. 

En resumen, un pequeño Balzac disfrutadísimo (llevaba expectativas altas y las ha cumplido). El autor deja patente su maestría no solo en el análisis del ser humano y en la exposición realista de su complejidad, sino también en la crítica a una sociedad que, como una sombra, nos persigue y dicta sus designios sin atender a lo verdaderamente esencial de la vida. Su obra nos invita a reflexionar y a ser conscientes de la necesidad de no ceder ante las presiones sociales, sus normas y el temido “qué dirán”.

Por lo demás, tenía todo el derecho a rechazar el reparto mas envilecedor que existe, y que una esposa puede tolerar por altas razones sociales; pero por el que una amante debe sentir odio, porque toda su justificación radica en la pureza de su amor. 

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